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Churrina De la Vega, Granada

Ícaro de Diego Canca: el sueño de volar sigue vivo en Churriana

Ícaro de Diego Canca: el sueño de volar sigue vivo en Churriana

Hay esculturas que no solo ocupan un espacio, sino que parecen crear uno nuevo a su alrededor. Frente al Centro Cultural de Churriana de la Vega, una figura metálica rompe el aire y lo llena de luz. Un hombre con alas se alza sobre una base inclinada, el cuerpo tenso y el brazo extendido hacia el cielo. No hay duda de que está a punto de despegar. Es Homenaje a la Libertad, Ícaro, una de las obras más queridas del artista Diego Canca.

A primera vista, parece un tributo al mito griego, pero basta detenerse un momento para entender que es mucho más que eso. Este Ícaro no teme al sol ni al fracaso; no huye del laberinto, sino que busca su propio vuelo. Canca transforma la vieja historia en un símbolo de esperanza y coraje, una metáfora del impulso humano por levantarse una y otra vez. En lugar de la tragedia, el artista elige el ascenso.

La escultura, realizada en metal, juega con el equilibrio y la tensión. La posición del cuerpo sugiere movimiento, las alas están compuestas de piezas finas que dejan pasar la luz, y el gesto del personaje transmite serenidad y determinación a la vez. Hay algo profundamente humano en esa figura que, aun siendo de hierro, parece respirar. Tal vez por eso quienes pasan frente a ella se detienen, miran hacia arriba y, por un instante, también sienten el deseo de volar.

Detrás de esta obra hay una vida entera dedicada al arte. Diego Canca nació en Ceuta en 1948, junto al mar, y desde niño tuvo claro que lo suyo era crear. Cuenta que dibujaba incluso antes de aprender a escribir. Con apenas catorce años se fue a Barcelona, con una carpeta de bocetos bajo el brazo y una fe absoluta en el poder del arte. Allí conoció a Salvador Dalí, y esa experiencia lo impulsó a explorar nuevos mundos visuales.

Su trayectoria es la de un artista inquieto, que nunca se conformó con una sola forma de expresión. Pasó por el surrealismo, el hiperrealismo, el grabado y el aguafuerte, hasta que la escultura se convirtió en su gran pasión. A lo largo de los años, su obra ha viajado por galerías y museos de ciudades como Madrid, Nueva York, Berlín o Gante, pero su refugio sigue siendo Churriana de la Vega, donde vive y trabaja desde finales de los ochenta.

En este municipio granadino, Canca ha dejado una huella visible y constante. Sus esculturas —dedicadas al trabajo, a la juventud, a la madre, a la música o a Cervantes— forman parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, Ícaro tiene algo distinto: es una obra que invita a mirar más allá, a no conformarse con lo que se ve. Tal vez por eso, con el paso del tiempo, se ha convertido en un símbolo de la libertad individual y del valor de los sueños.

Pero Canca no solo es escultor. También es pintor, grabador y escritor. En 2009 publicó su primera novela, Te espero en el mar, a la que siguieron Dolores la mala y Todas las persianas no son blancas. En sus libros, como en su arte, se percibe una mezcla de melancolía, belleza y verdad. “No me interesa copiar la realidad —ha dicho en alguna ocasión—, sino expresar lo que siento frente a ella”. Esa frase podría resumir su filosofía creativa.

En 2025, la Asociación Española de Pintores y Escultores le rindió un homenaje en reconocimiento a toda una vida dedicada al arte, definiéndolo como “un humanista contemporáneo”. Y no es una etiqueta vacía: Diego Canca pertenece a esa generación de artistas que siguen creyendo que el arte puede cambiar la mirada, que todavía hay espacio para la emoción y la belleza.

Su Ícaro, suspendido entre el suelo y el cielo de Churriana, nos recuerda precisamente eso: que la libertad no está en escapar, sino en atreverse a alzar el vuelo.

Características

  • Escultura: Metal
  • Título: Homenaje a la Libertad, Ícaro
  • Autor: Diego Canca
  • Año: 2011
  • Lugar: Esquina Calle Valencia / Calle San Ramón
  • Ciudad: Churriana de la Vega, Granada

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